Silva de varia lección
En la cual se tratan muchas cosas muy agradables, y curiosas, como decía Pedro Mexía en su preciosa miscelánea, género tan querido en el siglo SXVII.
Leímos muchas cosas agradables y curiosas estos meses, además de las ya reseñadas. De lo leído en el club de lectura creo que no merece la pena hacer mención de novelas como como Sostika o Vestido de Novia. Los nombres propios, bien, legible, generacional, cuqui y certera en muchas reflexiones, pero sin exagerar. Otro cantar fueron Luna llena, de Aki Shimazaki, Imposible decir adiós de mi querida Han Kang y la relectura de Los días del abandono de Elena Ferrante, que dieron lugar a polémicas y risas además de ser lecturas de merecer.
En las interminables horas de acompañamiento en la PAU, leí en un rato La edad del desconsuelo, de Jane Smiley. Es un relatito agradable sobre la fragilidad de los matrimonios con hijos pequeños, pero no superó las expectativas que había puesto en él, sobre todo después de haber leído su brutal Heredarás la tierra.
También me ventilé las 600 páginas de La virgen en el jardín, de A.S. Byatt, primera parte de la tetralogía de los Potter et al., de la cual me leí primero la cuarta parte, La mujer que silba y no descarto leerme los otros dos tochos en amena y desordenada variedad. Byatt es una terremota, irónica hasta el delirio, erudita hasta el empacho. La novela es una sucesión de escenas del despertar sexual de toda una comunidad inglesa tradicional en los años 50 de la que absolutamente nadie sale indemne. Esto por decir algo, porque ella es tan bestia que es imposible simplificar el torrente intelectual de sus novelas: desde delirios metafísicos, muy acertadas e interesantes reflexiones sobre teatro isabelino y shakespeariano, hasta pérdidas de virgos en ríos de sangre, escenas filomasoquistas y abuso sexual. La amo.
Por ahora, vale.
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